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Las
vacaciones el retiro a cualquier lugar de la montaña o
del mar- propician las reflexiones, dejan volar el
pensamiento, sirven para proyectar el futuro –o, como mínimo,
la temporada laboral, que sigue inexorablemente al descanso-
y también permiten entrar en el confuso mundo de las
contradicciones, de los altibajos, de las buenas
intenciones, cuando no en el desdichado y desalentador
enigma de las depresiones, que de ¡todo hay en la Viña del
Señor! No es éste, por fortuna, mi caso. Pero sí que, por
mi mente, frente al mar o bajo los pinos, al leer más de lo
normal o al disponer de más tiempo para oír la radio o ver
la televisión, he vuelto al convencimiento de que los
periodistas, los medios de comunicación en general, somos
los culpables, en buena parte, de las cosas que ocurren en
el mundo. Sin pretenderlo –en la mayoría de los casos-
somos protagonistas de la noticia. En otros, adrede, nos
erigimos en comentaristas de la información, sin reparar
en que no es éste el papel que nos exigen la
sociedad y nuestro propio código ético.
El
pasado verano ha desaparecido un ilustre periodista e
historiador italiano, Indro Montanelli, Premio Príncipe de
Asturias 1996, quien, hasta el último pálpito de su vida,
ha estado al pie del cañón, disparando sus certeros dardos
a derecha e izquierda, desde su independencia a prueba de
convulsiones y de afrentas políticas. Aparte de su columna
diaria como articulista en su periódico de siempre, enviaba
con bastante frecuencia colaboraciones memorables a “La
Vanguardia”. La última se titulaba así: “Cómo ser
periodista, hoy”. Es un modelo de sabiduría profesional,
que debiera estar enmarcado en todas las redacciones del
mundo y servir de norma estatuaria en todo aquel que se
dedique o vaya a dedicarse al difícil y duro arte del
periodismo. Montanelli, entre otras aseveraciones, afirma
que los periodistas tendríamos que tomarnos nuestra profesión
más en serio de lo que hacemos. Y, de ahí, arranca su
interrogante: que se traduce en una respuesta clara y
contundente. ¿Qué es un periodista, hoy? “Desde luego,
no es lo que era hace 50 años. Entonces era el vehículo de
las noticias. Hoy, diría yo, es sobre todo, el intérprete
de las noticias”.
Al
hilo del citado artículo de Montanelli, uno se pregunta si
vamos por el camino correcto i ni estamos desviando en demasía,
al querer ser más intérpretes que vehículos. Creo,
sinceramente, que no vamos bien, como la España de hoy, a
la que el presidente Aznar encarriló por la senda de un
realismo práctico, positivo, rectilíneo y esperanzador,
del que se ha ido apartando poco a poco, por razones que
vayan Uds. A ver.... Pero, bueno, no es nuestro campo el de
la política. Los juicios de oportunidad y de valor nos
convierten en intérpretes. Y el periodista –recordémoslo
de nuevo- debe ser sólo vehículo de las noticias.
Convengamos
con Montanelli en que es complicado ser periodista, hoy. De
ahí mis reflexiones sobre la profesión en esta vuelta de
vacaciones. El tema es lo suficientemente intrincado y
apasionante como para que lo despachemos en una simple
“Carta”. Queda sobre la mesa para los interesados en el
debate o como tema de algún futuro Seminario. Como asociación
de informadores que somos, deseo dejar constancia de la
lamentable pérdida del gran maestro del periodismo que ha
sido Indro Montanelli, al tiempo que agradecerle sus
profundas y magistrales lecciones que nos ha dado a través
de sus colaboraciones en la prensa.
Y,
dicho esto, sólo tengo que añadir que hemos recuperado, en
la APEI, el ritmo frenético del pleno trabajo, al iniciar
una nueva temporada. Cuando aparezca esta “Carta” se
habrá celebrado ya el segundo encuentro anual de la Junta
Directiva con los distintos Delegados y Presidentes, gracias
a la organización de nuestro compañero Ramón Alonso, de
cuyos actos tenéis amplia información en este misma web; y
estamos metidos de lleno –por lo menos en Cataluña- en
los Premios APEI de esta Comunidad, que se reanudan este año
–después de uno de descanso- y de los que también se
informa extensamente aquí, en espera de que los
responsables de otras zonas del país tomen buena nota y se
vaya multiplicando el reparto de nuestros “Micrófonos de
Plata” por toda la geografía española. Y allá, en el
horizonte, ya está la Asamblea General del año 2002. Nos
espera, en marzo, con los brazos abiertos Benidorm.
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