Jorge Arandes

Jorge Arandes

Carta del Presidente

¿Somos conscientes de nuestra responsabilidad?

Las vacaciones ­el retiro a cualquier lugar de la montaña o del mar- propician las reflexiones, dejan volar el pensamiento, sirven para proyectar el futuro –o, como mínimo, la temporada laboral, que sigue inexorablemente al descanso- y también permiten entrar en el confuso mundo de las contradicciones, de los altibajos, de las buenas intenciones, cuando no en el desdichado y desalentador enigma de las depresiones, que de ¡todo hay en la Viña del Señor! No es éste, por fortuna, mi caso. Pero sí que, por mi mente, frente al mar o bajo los pinos, al leer más de lo normal o al disponer de más tiempo para oír la radio o ver la televisión, he vuelto al convencimiento de que los periodistas, los medios de comunicación en general, somos los culpables, en buena parte, de las cosas que ocurren en el mundo. Sin pretenderlo –en la mayoría de los casos- somos protagonistas de la noticia. En otros, adrede, nos erigimos en comentaristas de la información, sin reparar  en que no es éste el papel que nos exigen la sociedad y nuestro propio código ético.

El pasado verano ha desaparecido un ilustre periodista e historiador italiano, Indro Montanelli, Premio Príncipe de Asturias 1996, quien, hasta el último pálpito de su vida, ha estado al pie del cañón, disparando sus certeros dardos a derecha e izquierda, desde su independencia a prueba de convulsiones y de afrentas políticas. Aparte de su columna diaria como articulista en su periódico de siempre, enviaba con bastante frecuencia colaboraciones memorables a “La Vanguardia”. La última se titulaba así: “Cómo ser periodista, hoy”. Es un modelo de sabiduría profesional, que debiera estar enmarcado en todas las redacciones del mundo y servir de norma estatuaria en todo aquel que se dedique o vaya a dedicarse al difícil y duro arte del periodismo. Montanelli, entre otras aseveraciones, afirma que los periodistas tendríamos que tomarnos nuestra profesión más en serio de lo que hacemos. Y, de ahí, arranca su interrogante: que se traduce en una respuesta clara y contundente. ¿Qué es un periodista, hoy? “Desde luego, no es lo que era hace 50 años. Entonces era el vehículo de las noticias. Hoy, diría yo, es sobre todo, el intérprete de las noticias”.

Al hilo del citado artículo de Montanelli, uno se pregunta si vamos por el camino correcto i ni estamos desviando en demasía, al querer ser más intérpretes que vehículos. Creo, sinceramente, que no vamos bien, como la España de hoy, a la que el presidente Aznar encarriló por la senda de un realismo práctico, positivo, rectilíneo y esperanzador, del que se ha ido apartando poco a poco, por razones que vayan Uds. A ver.... Pero, bueno, no es nuestro campo el de la política. Los juicios de oportunidad y de valor nos convierten en intérpretes. Y el periodista –recordémoslo  de nuevo- debe ser sólo vehículo de las noticias.

Convengamos con Montanelli en que es complicado ser periodista, hoy. De ahí mis reflexiones sobre la profesión en esta vuelta de vacaciones. El tema es lo suficientemente intrincado y apasionante como para que lo despachemos en una simple “Carta”. Queda sobre la mesa para los interesados en el debate o como tema de algún futuro Seminario. Como asociación de informadores que somos, deseo dejar constancia de la lamentable pérdida del gran maestro del periodismo que ha sido Indro Montanelli, al tiempo que agradecerle sus profundas y magistrales lecciones que nos ha dado a través de sus colaboraciones en la prensa.

Y, dicho esto, sólo tengo que añadir que hemos recuperado, en la APEI, el ritmo frenético del pleno trabajo, al iniciar una nueva temporada. Cuando aparezca esta “Carta” se habrá celebrado ya el segundo encuentro anual de la Junta Directiva con los distintos Delegados y Presidentes, gracias a la organización de nuestro compañero Ramón Alonso, de cuyos actos tenéis amplia información en este misma web; y estamos metidos de lleno –por lo menos en Cataluña- en los Premios APEI de esta Comunidad, que se reanudan este año –después de uno de descanso- y de los que también se informa extensamente aquí, en espera de que los responsables de otras zonas del país tomen buena nota y se vaya multiplicando el reparto de nuestros “Micrófonos de Plata” por toda la geografía española. Y allá, en el horizonte, ya está la Asamblea General del año 2002. Nos espera, en marzo, con los brazos abiertos Benidorm.